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Reseña
El Tango - su origen
Es difícil escribir un apunte histórico sobre el tango, pero al mismo tiempo, es
muy arduo eludirlo porque son muchos los que a través de estas páginas
solicitan, aunque sólo sea, una ligera orientación que les ponga en la pista de
este completo fenómeno cultural - baile, música, canción, poesía - que por una u
otra razón atrae a tanta gente.
Aunque sobre el tango y sus figuras son muchas las cosas que se discuten y ponen
en duda, es generalmente aceptado que el tango nace en Buenos Aires a finales
del siglo XIX aunque algunos prefieren decir a modo conciliador, que nació a las
orillas del Río de la Plata, con el fin de contentar a los uruguayos que
reclaman una copaternidad del fenómeno.
En un hecho de origen popular como el tango y, por tanto, de nacimiento
evolutivo resulta imposible apuntar una fecha de nacimiento. Sin embargo, lo
cierto es que la mayoría de los estudiosos coinciden en dar por buena la década
de 1880 como el punto de partida de lo que entonces no era más que una
determinada manera de bailar la música. La sociedad donde nace el tango
escuchaba y bailaba habaneras, polkas, mazurcas y algún vals, por lo que
respecta a los blancos, mientras que los negros, un 25% de la población de
Buenos Aires en el siglo XIX, se movían al ritmo del candombe, una forma de
danza en la que la pareja no se enlazaba y bailaba de una manera más marcada por
la percusión que por la melodía.
Musicalmente, el tango entronca en su genealogía con la habanera hispano-cubana
y es por tanto hijo del trasiego mercantil entre los puertos de lengua española
de La Habana Cuba) y Buenos Aires (Argentina). Sin embargo, estos orígenes
explican poco sobre su nacimiento. Inicialmente, el tango es interpretado por
modestos grupos que cuentan sólo con violín, flauta y guitarra o incluso, en
ausencia de ésta, el acompañamiento de un peine convertido en instrumento de
viento con la mediación de un papel de fumar y un avezado soplador que marca el
ritmo. El instrumento mítico, el bandoneón, no llega al tango hasta un par de
décadas después de su nacimiento, en 1900 aproximadamente, y poco a poco
sustituye a la flauta.
Inicialmente, el tango debió ser un modo de interpretar melodías ya existentes,
modo sobre el que fueron creándose otras nuevas que en un inicio ni siquiera
contaban con una transcripción musical, ya que a menudo sus intérpretes y
creadores no sabían escribir o leer música. De hecho, con el correr de los años,
algunos de los primeros tangos ya transcritos no van firmados por sus autores
sino por avispados personajes que sí sabían escribir música y aprovecharon el
vacío existente sobre la autoría de determinados tangos celebrados popularmente,
para ponerlos a su nombre y ganar con ello unos pesos.
Quizá a estas alturas del texto, alguno se pregunte sobre el origen del nombre.
Es una buena pregunta, pero carece de respuesta, o lo que es lo mismo, hay
miles. En España en el siglo XIX se empleaba la palabra tango para un palo
flamenco, en la geografía africana hay algunos topónimos con ese nombre, en
documentos coloniales españoles se usa el vocablo para referirse al lugar en que
los esclavos negros celebraban sus reuniones festivas… algunos incluso dicen que
el origen podría estar en la incapacidad de los africanos para pronunciar bien
la palabra "tambor" que quedaría así transformada en "tangó". En fin, es una
buena pregunta pero la irremisible falta de documentación escrita y el origen
ágrafo del tango y sus primeros padres callará la respuesta para siempre.
Las cifras hablan: Argentina pasó de tener dos millones de habitantes en 1870, a
cuatro millones veinticinco años más tarde. La mitad de esa población se
concentraba en Buenos Aires donde el porcentaje de extranjeros llegó a ser del
50 por ciento y adonde acudían también gauchos e indios procedentes del interior
del país.
En este ambiente, se comienza a bailar en tugurios y lupanares el nuevo ritmo
que se asocia así desde su inicio al ambiente prostibulario, ya que eran sólo
prostitutas y "camareras" las únicas mujeres presentes en las academias o
perigundines.
Puesto que se trataba de féminas dedicadas en alma y, sobre todo, en cuerpo a
sus accidentales acompañantes, el tango se comenzó a bailar de un modo muy
"corporal", provocador, cercano, explícito… de un modo socialmente poco
aceptable como se vería cuando, siendo ya un fenómeno emergente, el tango
comenzó asalir del arrabal de su ciudad de origen y empezó a expandirse.
En los primeros tiempos, cuando el tango comienza a convertirse en canción, las
letras que acompañan la música son obscenas y sus títulos dejan lugar a pocas
dudas: "Dos sin sacarla", "Qué polvo con tanto viento", "Con qué tropieza que no
entra", "Siete pulgadas"... o incluso "El Choclo" que aunque literalmente
significa mazorca de maíz, en sentido figurado y vulgar, equivale al castellano
"chocho" o "coño".
De su baja cuna a su encumbramiento como baile rey en los salones del mundo
occidental, el tango recorrió un curioso camino de ida y vuelta entre el Nuevo y
el Viejo Continente, con una parada decisiva y brillante en París.
¿Cómo llegó allí? También en este punto las respuestas son dispares y algunas
vario pintas.
Determinados textos, mucho más ingenuos que eruditos, dan incluso nombres
y apellidos de "la" persona responsable de este viaje. La realidad, en su
extensión como en su nacimiento, parece más compleja y, sobre todo, plural.
Los "niños bien" de Buenos Aires no tenían reparos en bajar a los arrabales para
divertirse, bailar y, de paso, levantarse alguna mina o alguna "milonguita" que
engatusaba o se dejaba engatusar. Y para acercarse a la mujer no conocida, nada
mejor que el tango.
Por supuesto, el tango no era aceptable en sus casas ni bailable con las
señoritas de su ambiente y por esa razón permaneció durante muchos años como
algo marginal y de clase baja.
Sin embargo, los viajes de estos patricios a Europa, especialmente a París,
fueron el desencadenante. París no sólo era la capital del glamour y de la moda,
sino que además era una ciudad que daba cobijo a una sociedad plural, parte de
la cual era alegre y desprejuiciada. Los bailes galantes de la capital francesa
venían de atrás, Louis Mercier, cronista de la vida parisina escribía en 1800:
"Después del dinero, hoy en día el baile es lo que más éxito tiene entre los
parisinos, sea cual sea su extracción social: aman el baile, lo veneran, lo
idolatran… Es una obsesión a la que nadie escapa".
Si ello era así a principios del XIX también lo era a principios del siglo XX al
que llegaron con una fortalecida fama locales públicos como el Bal Bullier de
Montparnasse o el Moulin de la Galette. Por añadidura, el atrevimiento, a
principios de siglo, no era ajeno a las costumbres parisinas, antes al
contrario, algún baile anual, como el Bal des Quat'z Arts de los estudiantes,
"era célebre por lo ligero de las vestimentas y por el jolgorio sexual que
reinaba siempre en él".
En este contexto social no fue difícil que el osado baile creado en la capital
del Plata encontrara un terreno abonado para florecer y convertirse en
curiosidad al principio, en moda y furor después.
Y una vez en París, el escaparate de Europa, la capital de la moda, la
cuna del chic, su extensión al resto del continente primero, a todo el mundo
después, fue algo sencillo y rápido. Curiosamente, es entonces, cuando Buenos
Aires se mira en París, cuando finalmente el tango entra en sus salones más
nobles avalado ahora por el bautismo europeo, el mejor de los pedigríes para una
burguesía emergente que luchaba por hacer de su ciudad el París de América.
La gloria trajo también y simultáneamente el rechazo. La sempiterna dinámica
social se puso nuevamente en marcha, lo antiguo frente a lo nuevo, la censura
frente a la apertura, la tradición frente a la renovación.
Los detractores del tango surgieron por doquier y fueron incluso ilustres y
famosos.
El Papa Pío X lo proscribió, el Káiser lo prohibió a sus oficiales y la
revista española La Ilustración Europea y Americana hablaba del "…indecoroso y
por todos conceptos reprobable 'tango', grotesco conjunto de ridículas
contorsiones y repugnantes actitudes, que mentira parece que puedan ser
ejecutadas, ó siquiera presenciadas, por quien estime en algo su personal
decencia.". La cita pertenece a esa revista española, pero resultafácil
encontrar otras paralelas en publicaciones inglesas, alemanas o, incluso,
francesas.
No obstante, para cuando llegó la reacción la suerte estaba ya echada: el tango
había triunfado.
Hubo vestidos de tango, color tango, tango-thés… el tango fue el baile rey de
ese mundo de preguerra que habría de terminar muy pronto con el primer
enfrentamiento armado mundial, la ascensión de Estados Unidos como potencia, el
cambio de costumbres. Después, el tango siguió viviendo, nació con fuerza el
tango canción que le tomó el relevo al tango baile, pero con un éxito
geográficamente más restringido, el mundo, en una nueva preguerra descubrió y
admiró a Carlos Gardel y al final del conflicto la supremacía de Estados Unidos
desembarcó en Europa también con el swing que murió sólo para darle paso al
rock.
En todos estos años el tango tiene una brillante historia de auges limitados y
declives relativos y una continuada vida a lo largo de la cual se ha
desarrollado tanto el baile como la música hasta llegar a un nivel de
sofisticación y depuración que dejan a las claras la madurez de esta
manifestación que vive ya en las primeros décadas de su segundo siglo de vida.
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